¿Has
visto alguna vez un autobús rosa? Yo sí. Pasan por todas las calles, a todas
horas. Hasta cuando hay huelga.
Lo
normal es que no lo veas. Son grandes, son ruidosos, son ¡rosas! Pero
lamentablemente, no los sueles ver. ¿Por qué?
Porque
tú estás bien con los azules, con los de siempre. Te subes, te bajas, te llevan
a donde tú quieres. ¿Para qué cambiar?
A
veces el autobús rosa se te presenta en la puerta de casa. No hay parada, pero
ahí está, esperándote. Y no tienes otra opción que subir. Tampoco tienes otra
opción si el autobús rosa está en la puerta de tu madre, de tu hermana, de tu
tía, de tu abuela, de tu mujer, de tu mejor amiga, de tu novia.
A veces el autobús rosa se te presenta en la puerta de casa |
El
autobús rosa es un autobús diferente. No solo por el color (¡es rosa!), sino
por lo que pasa cuando te subes. Nunca sabes cuánto tiempo durará tu viaje.
Nunca sabes dónde te bajarás. ¿Te bajarás?
Lo
que sí sabes es que tu viaje en el autobús rosa será toda una experiencia. No
te gustará, te marearás. Te querrás bajar, te enfadarás con el conductor ¿por
qué tuvo que pararse en tu puerta? No, el autobús rosa no le gusta a nadie.
Aprenderás dentro de él, del viaje, de los demás pasajeros, que como tú, han
sido forzados a subir a él. Conocerás
gente, conocerás caminos, te conocerás a ti mismo. Y al final, sólo al final,
sabrás de qué tipo era tu billete.
De
momento el autobús rosa sigue circulando por las calles, por las carreteras. En
Madrid, en Barcelona, en Londres, en Nueva York, en Bombay y en Buenos Aires.
En El Cairo y en Las Vegas, en Moscú y en Mogadiscio. Está por todos los sitios
y lleva gasolina para rato. No hace distinciones entre ricos y pobres, ni entre
negros y blancos. No, eso al autobús rosa le da igual.
Gracias
a los últimos avances e investigaciones, los viajes son cada vez más cortos,
pero a ti te siguen pareciendo largos y desagradables, molestos, pésimos… los
peores de tu vida.
Por
eso yo te pido que te fijes cuando vayas por la calle, fíjate en estos
autobuses rosas. Los verás si pones atención. No te preocupes, no te van a
obligar a subir. Pero tu nombre puede estar en el siguiente billete. El tuyo o
el de tu madre, el de tu hermana, el de tu tía, el de tu abuela, el de tu
mujer, el de tu mejor amiga o el de tu novia.
Ten
cuidado con el autobús rosa. Si no miras bien, te puede atropellar. No dejes
que lo haga. Súbete a él y lucha, lucha porque todos los que viajan ahí tengan
un viaje más agradable, que se mareen lo menos posible y que se olviden durante
un rato de que están sometidos al inexorable curso de la biología, la ciencia y
la investigación.
No
te avergüences del autobús rosa, no pasa nada. Todos los que van, han ido o
irán dentro, son personas. Y todas y cada una de ellas querrán bajarse cuanto
antes.
Sube
al autobús rosa antes de que él te vaya a esperar. Cuanto mejor te conozcas a
ti mismo, mejor conocerás a los demás. Y sólo así conseguirás que el viaje sea
lo menos doloroso posible.
Hop on a pink bus |
Súbete
a un autobús rosa. La tuya puede ser la próxima parada.
Que bonito eso de subirse al autobús :) Es el empujón que tiene que darse un@ mism@ para seguir adeante feliz no?? Yo me llamo Andrea y tengo un blog de viajes, te invito a pasarte y seguirlo si te gusta: Viajando a distancia
ResponderEliminarUn saludo!